lunes, 16 de octubre de 2023

LA ANCIANA

1er relato de Isabella Tal vez haya ocurrido en 2015 o 2016. Era una tarde soleada pero fría de invierno cuando llegué a la pensión donde alquilaba en la calle San Luis, en San Miguel de Tucumán. Era una casa antigua, con techos altos, de esas que tienen una historia impregnada en cada rincón. Como estudiante salteña, buscaba un lugar tranquilo para vivir mientras completaba mis estudios, y este lugar me gustaba. Pero de repente, algo empezó a suceder que me generaba bastante miedo, algo que ocurrió a partir de un hecho extraño en esa tarde. Como mencioné anteriormente, estaba llegando cuando vi a una chica nueva mudándose a la pensión. Mientras charlaba con una compañera en la vereda, vi a una anciana que entraba junto a dos mujeres. Una de ellas sería la nueva compañera de pensión, y la otra era su madre. Ambas eran amables, pero lo que me llamó la atención fue la presencia de la abuela. Ella venía detrás, caminando despacio, medio encorvada, se veía frágil, y me pareció mal que las mujeres más jóvenes la dejaran atrás y no la acompañaran, sobre todo considerando lo mayor y aparentemente enferma que parecía. Me dirigí a mi habitación por un momento y, después de un rato, fui a la cocina a preparar mi cena. Fue entonces cuando escuché a mi nueva compañera y a su madre salir de la habitación para irse. Volteé para despedirlas, pero mientras las veía alejarse, me di cuenta de que la anciana no las acompañaba. No entendía en qué momento se había ido, ni si acaso se había quedado en la habitación. El caso es que, intrigada y confundida, pregunté a las otras chicas que todavía estaban en la mesa de la cocina si habían visto a esa anciana, pero nadie parecía haberla visto. Solo yo fui testigo de su llegada. Esa situación era extremadamente enigmática para mí. Tanto que me preguntaba si acaso había visto un fantasma. Esa noche, mientras estaba en mi habitación estudiando, comencé a sentir una extraña presencia a mi alrededor. Un escalofrío recorrió mi espalda y tuve una inexplicable sensación de que no estaba sola. Intenté ignorar esos sentimientos, atribuyéndolos a mi imaginación, pero no pude evitar sentirme cada vez más inquieta. Con el paso de los días, las cosas se volvieron aún más extrañas. Cuando me encontraba sola en la casa, escuchaba ruidos provenientes de diferentes habitaciones. A veces eran pasos que se acercaban sigilosamente; podía percibir ese sonido que hace la ropa de una persona que intenta acercarse sin hacer ruido. Otras veces, eran sonidos de objetos que se movían o incluso voces que llegaban desde algún lugar desconocido. Y siempre, en cada uno de esos momentos, estaba la constante sensación de que alguien más estaba presente. Mi temor creció tanto que inevitablemente me pregunté si podría tratarse de un espíritu o un fantasma. ¿Era posible que la anciana que vi ese día fuera el espíritu de la abuela que aún permanecía en esa casa? Entonces, busqué una manera de hablar con esta nueva compañera. No sabía cómo decírselo. En una breve conversación, me di cuenta de que era una persona atea y que no creía en nada "espiritual". Por lo tanto, pensé que sería tonto intentar hablar sobre esto. Decidí contarle a una de las chicas que también vivía en la pensión sobre mis sospechas. Me miró con incredulidad y me aseguró que nunca había visto ni escuchado algo extraño en la casa. Su escepticismo no me afectó, necesitaba hacer algo al respecto. Con el tiempo, las experiencias paranormales se volvieron más frecuentes. No sabía qué hacer ni cómo enfrentar esa situación. Fue entonces cuando tomé la decisión de mudarme. Aquella pensión ya no era el lugar tranquilo que había buscado, se había convertido en una fuente constante de miedo. Aunque nunca más volví a ver a la anciana, sigo convencida de que su presencia aún sigue en esa casa. Y de alguna manera tuve la confirmación cuando, tiempo después de irme de allí, una de las chicas me contó por mensajes que la noche anterior se asustó muchísimo al ver pasar una sombra en su habitación y que, al encender la luz, vio a una mujer bajita y muy vieja mirándola. Dio un grito de espanto y esa presencia desapareció. Cuando lo contó a las demás chicas, intentaron hacerle entender que había tenido una pesadilla. Mi experiencia en esa pensión fue un recordatorio de que existen cosas más allá de nuestra comprensión, fenómenos inexplicables. Aunque haya decidido irme de ese lugar, siempre recordaré a esa anciana, y siempre estará la incertidumbre sobre lo que realmente viví en esa casa de la calle San Luis.

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