Llegada la madrugada, en una estación de servicio cercana a la ciudad de Dean Funes, en Córdoba, un automóvil Peugeot antiguo de los años 70's llegó a cargar combustible. De su interior descendieron tres personas, dos hombres de mediana edad y una mujer joven, todos de aspecto extranjero, más altos que la media del prototipo argentino y de cabelleras rubias. La mujer se dirigió sola al baño, en tanto los dos hombres quedaron parados esperando a ser atendidos. Todo esto fue notado por uno de los playeros que a unos 20 metros, mientras repostaba nafta a un camión, observaba.
La mujer retornó, pero ésta vez acompañada por otra joven, ambas muy parecidas, tanto en su fisonomía como incluso en sus vestimentas. Ingresaron al coche y permanecieron sentadas en la parte trasera. El playero que se acercó a atenderles, apreció una tonada extraña en el único hombre que le habló, quien con palabras medidas le pidió llenar el tanque; también pudo observar que este hombre junto a su acompañante, parecían comunicarse entre si por medio de la mirada, pues solo bastaba ello para que se pasarán unos papeles, así como un bolso azul. Esta actitud le pareció sospechosa al empleado, por lo cual le hizo señas a su compañero (aquel que los vio arribar al lugar en un primer instante) para que se acercara.
Al momento de pagar, el misterioso hombre sacó un fajo con varios billetes de $100 y le dio al empleado, quien sin llegar a contarlos, comprendía que aquel monto rebasaba considerablemente al costo acusado por el indicador en el tablero. El playero se quedó con el fajo de billetes en la mano, mirando sin entender y esbozando una sonrisa que denotaba su confusión. El motor del viejo coche arrancaba y salía suave, a la vez que desde su interior emergió una voz que le dijo: " No regreses por el mismo camino a tu casa".
Tras perderse el rodado en la oscuridad de aquella ruta cuya negrura parecía engullir al vehículo, a la vez que este joven intentaba comprender aquella especie de consejo o advertencia que le dieron, alguien salió gritando del baño con un visible ataque de nervios. Se trataba de una señora de unos cuarenta y tantos que, intentando hacerse entender, mencionó haber visto algo imposible.
Fue llevada dentro de bar, donde le dieron un vaso de agua, entonces más calmada relató lo siguiente:
—Me encontraba en el baño, tenía la puerta casi cerrada, cuando escucho que llega alguien; miro por la pequeña abertura de la puerta y veo a una mujer joven que caminó y se quedó parada mirándose al espejo; por lo que junté la puerta sin hacer ruido. Fue cuando empecé a escuchar unos ruidos muy extraños, parecían sonidos guturales, los cuales me provocaron un escalofrío. Algo pasaba allí, y el miedo que sentía no me permitía ver. Luego vino un silencio, daba la impresión que aquella persona se había ido, por lo que con cuidado abro la puerta nuevamente, y compruebo que aún permanecía allí, parada, frente al espejo, pero esta vez había alguien más a su lado, con la cabeza algo agachada, era completamente negro, pelado, con la piel oscura y brillosa, como la de las focas...si, parecía un hombre desnudo, más alto que ella, con la contextura de un hombre de gran tamaño, pero eso...eso no era un hombre...¡eso no era humano! De la impresión creo haber emitido algún sonido, porque eso giró rápido su cabeza para mirarme, y sus ojos...¡oh Dios mío!... Sus ojos estaban encendidos...como dos brazas. Allí todo se nubló, creo que me desvanecí—.
No pasó más de media hora, y un camión llegó al lugar. De entrada llamó la atención pues se estacionó cruzado en una salida de autos. De su interior descendió el chofer, con su cara desencajada. Y caminó como perdido hasta cerca de uno de los empleados que cargaba combustible. Alguien le gritó a este camionero para hacerle saber lo mal que estacionó su camión, pero el hombre permaneció indiferente, mirando a uno y a otro lado.
Cuando le preguntaron si le pasaba algo
, éste respondió con nerviosismo:
—nadie me lo va a creer...vi una luz... y algo más... vine rápido hacia aquí, porque me seguían... —
Según este chófer, él mientras se dirigía a la ciudad de Dean Funes, vio pasar por encima de su vehículo y de manera rasante, a una esfera de luz rojiza con destellos naranjas, la cual siguió su misma trayectoria por la ruta hasta desviarse a unos 400 metros, para luego perderse entre unos árboles. Intrigadísimo por tamaña observación, bajó mucho su velocidad a la vez que siguió mirando en dirección a donde una iluminación casi pulsante teñía el entorno, daba la impresión de que eso, sea lo que fuese, había aterrizado muy cerca.
Durante ese tiempo, notó que viajaba sólo, sin tráfico delante, ni tráfico detrás. Pero muy cerca logra distinguir a un auto con las luces encendidas detenido sobre la banquina contraria, por lo que creyó podrían ser testigos de aquello que pasó. Esto le motivó a detener su marcha, poner las luces de balizas y encaminar hacia aquel coche.
Para su sorpresa, en el interior del rodado no había nadie, pero extrañamente, éste permanecía con el motor en marcha y las luces bajas encendidas, no así las de balizas. Pensó que podrían encontrarse cerca de allí, incluso que necesitarían ayuda. Gritó para hacerse escuchar, pero nada. Mirando hacia el origen de esa misteriosa luminosidad que permanecía en el horizonte, no pudo evitar pensar que los dueños del coche se fueron por allí.
A un segundo de tomar ese recorrido e ir a investigar aquello, ve a una sombra que en la oscuridad de la noche podía distinguirse como un bulto, el cual venía hacia donde él estaba. Fue cuando le agarró el espanto al razonar que eso que venia caminando era demasiado alto. Todo de negro, al punto que se confundía con la noche misma. Es cuando decide no averiguar sobre aquello y corre hasta su camión. Logra dar arranque y sale de allí como alma que la lleva el diablo.
Cuando uno de los playeros de la estación de servicio le preguntó sobre aquel auto y si pudo distinguir marca, el chofer respondió: "creo que era un Peugeot, si...solo que uno antiguo "
Sobre estos incidentes se dio aviso a la policía, pero como no podía ser de otra forma, en estos misteriosos casos, no hallaron nada, ni siquiera al viejo Peugeot.
Un detalle más, terminando su turno el empleado que llenó el tanque del misterioso auto, llegada las 8 de la mañana luego de una noche extraña, decide no ir al refugio para esperar al colectivo que le lleva su casa, sino ir a descansar y pasar el día a casa de sus padres. ¿Cual fue su gran sorpresa al día siguiente? Pues aquel refugio donde el tendría que haber esperado, fue impactado de lleno por un camión que perdió el control. De haber estado él allí, fácilmente hubiese muerto.
Esto último fue lo que le hizo recordar aquellas palabras, casi como de advertencia, de esos extraños personajes aparecidos en esa peculiar noche llena de incidentes inusuales en cercanías a la ciudad de Dean Funes, y de preguntarse también sobre el enigma de quienes eran aquellos misteriosos visitantes.
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